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02 marzo 2014

Un soplo de vida




                                                   In the end all you can hope for
                                                Is the love you felt to equal the pain you've gone through
                                                                            (Bones - Editors)

No quería empezar hablando del tiempo, sino  de como a veces te pones a pensar y a hablar de historias que creías tuyas para luego darte cuenta de que ya no eres su protagonista. Eres algo que ya no es nuevo porque han pasado demasiados años, pero eres algo distinto. Una obra inédita, resultado del dolor y del esfuerzo por superarla. Eres el resultado de todo aquello que no te han contado mirando a la cara pero te enteraste por teléfono, por los periódicos, por las lágrimas que no te han sacado. Eres el resultado de lo que lleva en estas manos  porque sólo fuiste capaz de llorar por aquello que pudiste cambiar pero ni siquiera lo intentaste.
Eres el intento y nada más. Eres una batería, que por cuidado,  jamás llegará al 100% aunque parezca algo que se pueda controlar con un poco de conocimiento técnico o la tan valorada experiencia.  Porque el ser distinto, que no nuevo, nunca llegará hasta el final sin recordar qué le puede pasar cuando se acabe cada función. Eres la elocuencia y la mudez.  Eres el querer, casi sin querer y el querer demasiado en cada palabra que callas y cada silencio que no rompes. Eres todo eso que no has sido nunca y eres la certeza de que lo cierto es que no sabes por cuanto tiempo lo serás. Eres de barro,  como todos, tu que te creías de carne blanda y fresca. Ahora ves como te han moldeado las manos de otros desde el principio de tus tiempos. No eras tu, nunca lo fuiste. No eres más allá de eso que te han hecho.  Puedes respirar sin culpa. Te han puesto forma, sonrisa, mirada y algo de llanto.  Te han soplado bajito verdades y mentiras que han cicatrizado y abierto heridas y te han dado la vida que hoy llamas de tuya.  Y no eres nada más de que lo que se ve. Escribes mientras esperas que te salven, que una canción que no te gusta suene a notas perfectas. Que unas palabras que no quieres oír  no tarden y lleguen en forma de canción, de letra, de aire - que lleguen en forma de un soplo.
De un soplo de vida.

09 febrero 2014

Palabras y silencios

Yo sabía cuando llegué que no sería todo como la sonrisa de la entrada. Sabía que tenía en su cabeza cosas que decirme mientras yo en la mía, tenía las mismas que callar.  Una mañana así no suele acabar con sol.
Y por supuesto, entre las amenidades de un nuevo enero, tenía que sacar, como si nada fuese, las sombras de final de año. Quizás la sorpresa haya venido de que el tiempo, para mí, ya había convertido lo ocurrido en anécdota mientras había cocinado en él una mezcla rara de decepción y rabia. 
Entre mis razones, todas verdaderas - aunque más o menos lógicas, no ha encontrado ninguna que fuera creíble. Ninguna digna de oírse tranquilamente mientras una la contaba. Es más, entre interrupción e interrupción,  y sin terminar de oír, se ha encargado de construir sus propias versiones de mis razones y de enfadarse por ellas. 
Yo miraba tratando de entender. Y  ha sido el ejercicio menos fructífero de la Historia. Entender el enfado, la decepción,  las palabras poco apropiadas. Supongo que a él le pasaría mismo y como si de una película se tratara,  asistí desde fuera una discusión en la que poco intervine porque era no era capaz de entender o, peor,  era consistente de que entenderla a fondo significaria ir mucho más allá de lo que nos convenía a todos. 
Y de repente... se cambia de tema. Agotado que estaba  sin entrar en terrenos que no podríamos recorrer  sin desvelar demasiado. Y en el aire el peso de las cosas dichas y no dichas. La barriga llena de todo que ha tenido que tragar en silencio o sin decir lo que se queria. 
La duda, razonable siempre,  sobre las razones de cada uno pegada en el pecho y muda. 
Una vez fuera me pregunta una amiga por mi cara de nada, mi cara de silencio. ¿Qué ha pasado? Y yo sonrío, y digo que nada. Nada como la traducción perfecta de las cosas que te ocurren y que no eres capaz, aunque intentes e intentes, de explicar. 

14 diciembre 2013

Dejamos libres a las estrellas




Pic by eldivandelloko.blogspot.com

"Long ago one gorgeous night
We let the stars go
Long ago one stupid night
We let the stars go free" 


(Prefab Sprout)

Un eterno ir y venir. El tiempo,  las dudas y las ganas que se quedan atrapadas en la cabeza y el corazón que distraídos, sólo buscan la manera de ver lo que hay de bueno. Porque en eso consiste, ¿verdad? 
Hablar de esas líneas, de ese blog como si de una persona querida y perdida por falta de tiempo y atención se tratara... me hace pensar, siempre, siempre, porque a veces resulta tan complicado dedicar tiempo a lo que realmente nos hace felices.
Supongo que siempre se puede volver. La engañosa sensación de que siempre podemos recuperar las cosas que perdemos cuando muchas veces nuestra omisión se encarga de diseñar poco a poco finales más o menos felices. También supongo que ciertas preguntas, las de antes, son también las de ahora   y serán compañeras porque en este vida hay muy pocas certezas por mucho que dormir, despertarse e irse a trabajar aporten cierta idea de control y normalidad.
Insiste una en creerse que como dijo  Antonio Vieira,  el mismo afecto es la causa de su pérdida y el haber querido tanto, razón para amar menos pero a la vez se sabe que no se trata de eso. Se trata de que si dejamos libres a las estrellas, ellas se van o se vienen. Como una chica con su blog que trata de ver lo bueno quizás para no darse cuenta de que la omisión ya ha escrito el final más o menos feliz que prefiere no ver.



27 abril 2013

Palabras mudas

Todo lo que podía haber escrito se ha quedado en intento. En recuerdo de los días en que escribir era automático y fácil como encender y apagar la luz. Serán los años, entiendo, el tiempo. Evito la idea de que los afectos ya no son los de otros años, que de tan intensos sólo podían tener lugar fuera de una misma. Quizás sea esa sensación de que todo lo bueno se acaba, se transforma y cuando la vida se hace más mayor, con tantas páginas que leer  y razones para no seguir, una asiste las propias despedidas con mentirosa  y anestésica sensación de enajenación. La felicidad también es triste por eso de tener bien aprendida la lección de lo que se quiere, de  lo que nos hace sonreír y quemar por dentro. 
Parece un post negativo, quizás sea el gris de la mañana que me nuble la vista o precisamente sea él que me deje tan claro que las flores no verán el final de la primavera. No importa. La habrán vivido, la habrán olido y sentido su aire fresco. Y sabrán que vuelven. Quizás cada año,  quizás cada día que salga por las calles, por el campo y cuando distraídos, miremos dentro de nosotros mismos. 



24 febrero 2013

Incendios en la nieve


No serás capaz de odiarme,
tan sólo quería ilustrar
que quiero arriesgarme a conocerte
porque el miedo al fin cayó, al fin cedió. 


Precioso concierto de Love of Lesbian anoche en Valladolid. Ubicación tan poco probable como el riesgo que estamos dispuestos a tomar. Es cierto. Trato de arriesgarme pero no se sabe muy bien a qué. El tiempo. Como me dijo Andre, hay que poner plazos para que los caminos se despejen o sencillamente, se cierren. Como poner fecha a un viaje que puede ser largo o cancelarse por falta de aforo.  Y a partir decidir si vamos hacia el frío o el calor.

26 diciembre 2012

en la orilla del rio

Después de tanta ausencia resulta muy previsible volver cuando se acerca el año nuevo  y prometer a una misma escribir más a menudo. Después de tantos años de blog  ya no me hago ilusiones sobre la constancia,  sólo aspiro a dedicar tiempo a oírme cada vez que tenga la necesidad de estar en silencio.
Y la tengo tan a menudo que si realmente parara y me escuchara ese blog no andaría tan abandonado. Claro está que esa es la diferencia entre amadores y profesionales:  que la necesidad de escribir de los primeros no es siempre la primera entre tantas necesidades que tenemos.
Lejos de Madrid escribo desde un viaje que puede ser huida o un intento de aplazar certezas que no quiero tener. Hay miradas brillantes y miedo de mirar al otro lado del río. De sentir calor y frío. Y desde lejos no hay Navidades, ni recuerdos malos, ni historias sin terminar. No hay luces aparte de las de los días siempre llenos de Sol y sin ellas,  no hay que mandar felicitaciones en las que no creemos. Es un decir siempre que "no" por si el "sí" resulta complicado y, sobretodo,  dolorido. Es la garantía de que el mundo siempre tendrá algún rincón donde que uno pueda respirar tranquilo porque nadie lo ve.
Todo me recuerda  a un poema de Fernando Pessoa que Dorival Caymmi puso música hace muchísimos años. Yo creo que no tenía más de 12 años cuando la oí por primera vez. La ponían en una telenovela y todo de ella me encantó enseguida: la profunda voz de Caymmi, el río como metáfora de las certezas que tenemos y de las que aspiramos. Su curso como un destino cierto pero desconocido. La seguridad de que nada ocurre cuando no se hace nada aparte de contemplar la propia vida.
Y pensando en ella me quedo. Escuchándola en silencio. Escuchándome en silencio. Sin certeza de nada y todavía preguntándome adonde me llevará el río al que contemplo.
Espero que por lo menos a unos cuantos posts más.   








21 octubre 2012

Outras palavras


Nem vem que não tem, vem que tem coração, tamanho trem
Como na palavra, palavra, a palavra estou em mim
E fora de mim
quando você parece que não dá
Você diz que diz em silêncio o que eu não desejo ouvir
Outras palavras - Caetano Veloso

Palabras. Esas que no dicen, o se dicen sin querer, casi como una confesión de lo que se sueña, de lo que una cabeza perdida desea que quiera el corazón callado. Palabras que se guardan porque no escuchamos las palabras que queríamos y se quedan flotando en el aire espeso de la decepción anunciada. Silencio. Ausencia total de palabras: deseadas, temidas y tristes - esas que sabemos que llegarán, más por miedo que por  sugerencias ajenas. Las otras palabras del otro que distraído, no las dice,  se las guarda. Se las dice a otra. A otro. A nadie que esté deseando oírlas.
Son como las nubes de ese Domingo gris: van, vienen pesan y la calma se escurre entre los dedos. Serán otras las palabras que escucharé o al final resulta que con decir lo que uno piensa las palabras serán las mismas? A veces hablar sólo resulta mucho más elocuente que sentarse en silencio acompañado  y contemplar las otras palabras que dicen las miradas.



26 abril 2012

Amor y calor

Ante tantos finales posibles de historias que no son de nadie porque sólo conocen la noche, el más cercano es precisamente el que menos queremos : que todo acabe como empezó y nadie escuche las palabras dichas entre silencios. Si nunca ha existido  (porque existir conlleva que guste y que duela).   no se tiene que cerrar la puerta y sin existir, el mensaje no llega y las despedidas son tan llevaderas como desear los buenos días.

Y las palabras que no son mías son precisamente las más exactas : no se desiste, no se intenta y nos deseamos sinceramente, mucho calor y amor. 




18 septiembre 2011

En el mismo lugar




 Todavía somos jóvenes, podemos perder algo de tiempo sin perder la vida entera.

 (Clarice Lispector)





Y eran todas ellas tan diferentes y de tantos colores que la que venía desde más lejos un día, sin querer, se preguntó porque siempre estaban así: cerca como si no tuvieran sitio hacia donde correr.  Tenía su gracia que se pusieran de acuerdo, ellas que nunca se reían de lo mismo, en bailar juntas  canciones que jamás sonarían si llegaran a estar solas. Y ellas, distraídas, también se reían de su poca capacidad de hablar de lo que las unía: por no saberlo o por  falta de tiempo, seguían creyendo que hacían sonreír a las mismas estrellas por mirar al mismo cielo. Equivocadas pensaban que juntas no estarían solas, ellas cuyo mayor miedo no era precisamente la soledad. Creían que lo tenían claro, que la compañía constante de mañanas tan distintas evitaría el incierto futuro de los que no tienen hacía donde ir porque quieren seguir como siempre. Y empeñadas que estaban en no estar solas no veían  que el miedo a conocer sus propios temores, el miedo a dar pasos arriesgados en direcciones tan opuestas al camino recorrido (pero que todas sabían que tenían que tomar) era precisamente lo las mantenía tan tristes, tan lejos, tan cerca.

25 agosto 2008

Cobardes...

¿Te acuerdas del tiempo
En que sentías
Y sentir
Era una forma más sabia de saber
Y tú, ni lo sabías?
(Alice Ruiz)

Lo he estado pensando y después de mucha reflexión he llegado a la conclusión de que he sido cobarde últimamente. No es la clase de cosa de se enorgullezca una pero asumirlo públicamente a lo mejor haga mas llevadero asumirlo para mí misma.
He estado relacionándome con gente de manera superficial y tacaña, haciendo lo posible y lo imposible para que no se metieran en mi vida, en el sentido claro de no hacer parte de ella. He callado para mí palabras bonitas cuando las podría haber utilizado y he buscado defectos en gente que no los tenía (o que los tenía, como todos, pero que no eran razón para huir de ellos) para justificar mi lejanía y poner fecha de caducidad a cada una de esas relaciones. Alguno dirá que es por qué no estaba enamorada pero incluso cuando lo he estado, he tenido verdadero pánico escénico cada vez que veía una posibilidad real de vivir dicha relación aparte de haber sido incapaz de poner en palabras (que no estuvieran en un blog) que era lo que realmente quería con él.
He estado teniendo miedo a acercarme y abrir la puerta y dejar que el tiempo haciera su trabajo a favor o en contra de todo lo que sea sentir.
No intento aquí buscar razones freudianas para dicho comportamiento sino sencillamente asumir que me he portado así. Como si sufriera de un síndrome de Peter Pan incurable, está claro que evito el compromiso y con él todos los pasos que se supone que tiene uno que dar rumbo a su supuesta madurez. A lo mejor “eso” no es para mí aunque ya me haya atrevido a hacerlo una vez. No se sabe a lo cierto pero lo que sí queda claro es he estado huyendo y no sé bien ni de qué, ni hacia donde.
Y en dicha huída, ¿qué me estoy dejando por el camino? El hecho de no necesitar a la gente es bueno, es uno de los mejores caminos hacia la libertad completa, ¿pero para ser libre hace falta exterminar el sentimiento?
¿Qué sentido tiene convertir en alguna clase de criminal a un chico sólo por invitarme a pasear por el parque? O directamente, ¿como puedo cabrearme con uno que sólo cometió el “error” de invitarme a cenar?
Y así va una por la vida. Se dice que el primer paso hacia la cura es admitir la enfermedad. Aquí me tenéis asumiendo públicamente mi acojone en ese blog que nadie lee. ¿Tendría más mérito si me fuera al Diario de Patricia? A lo mejor sí, pero con menos público y mérito, pero con más intención, ese es el primer post de un blog y de una chica dispuesta a echar un poco más de huevos por la vida.